En un anuncio que refuerza el papel de España como país estratégico en la transición energética europea, el Gobierno ha dado un empujón decisivo al desarrollo del hidrógeno verde, una fuente de energía que complementa a la solar y la eólica y que se considera clave para descarbonizar sectores difíciles de electrificar, como el transporte pesado, la industria o el almacenamiento de largo plazo.
La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, presentó un anteproyecto de ley para establecer un mercado regulado del hidrógeno, que fomente el desarrollo de proyectos, atraiga inversiones y genere una demanda estable a medio y largo plazo. El país ya ha movilizado más de 3.000 millones de euros para impulsar este vector energético, con consultas públicas para otorgar casi 465 millones en subvenciones a iniciativas que participen en subastas del Banco Europeo del Hidrógeno y que contribuyan a la descarbonización industrial.
Entre los proyectos de gran impacto se encuentran el H2Med, un corredor de hidrógeno que conectará España con otros países europeos, y BarMar, un hidroducto submarino entre Barcelona y Marsella, que demuestra tanto las capacidades técnicas como las ambiciones europeas en este campo.
Para los consumidores —y para el mercado energético en su conjunto— este movimiento puede tener efectos directos e indirectos: mayor diversificación tecnológica, mayores posibilidades de empleo en sectores emergentes, y —a la larga— un modelo energético más resiliente y menos dependiente de combustibles fósiles importados.